Un espacio de escucha
El yoga no se entiende aquí como una forma que el cuerpo tenga que alcanzar, sino como un espacio de escucha.
Observar. Respirar. Moverse. Permanecer. Y aprender, poco a poco, a estar donde estamos.
La práctica
Volver al cuerpo, a la respiración y, quizás, en pequeños destellos, recordar quién eres.

El yoga no se entiende aquí como una forma que el cuerpo tenga que alcanzar, sino como un espacio de escucha.
Observar. Respirar. Moverse. Permanecer. Y aprender, poco a poco, a estar donde estamos.
No practicamos contra el cuerpo. Practicamos con él. La práctica busca ser amable: reconocer el cuerpo, sentir cómo cambia con el descanso, con el ritmo de vida, con las estaciones, con lo que sentimos y con aquello que estamos atravesando.
El movimiento comienza mucho antes de la forma. Comienza en la respiración.
Aprender a observarla, acompañarla y dejar que organice el movimiento nos lleva hacia una práctica más atenta y más profunda. Respirar no es solo acompañar las posturas. Es una manera de estar presentes.
MA parte de una práctica arraigada en la tradición del yoga, pero entendida desde la experiencia del cuerpo presente. El respeto por las enseñanzas recibidas convive con la necesidad de observar, comprender y adaptar.
La tradición nos ofrece un mapa. La práctica nos enseña a recorrerlo.
A través de la práctica vamos haciendo espacio en el cuerpo, en la respiración, en la atención. No para convertirnos en otra persona, sino para poder estar un poco más plenamente en la que ya somos.

Respirar. Practicar. Volver.